Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver —¡Qué idea tan romántica! —murmuró Julia—. ¿Quién es ese caballero?
El diálogo tenÃa lugar entre la orilla y la barquilla, y el joven maestro no podÃa perder ni una sola palabra.
—Es un músico —respondió el propietario—. ¡Por lo menos me ha dicho que venÃa aquà para componer una ópera!
—¿De veras? —exclamó Julia—. Ésa es una ocurrencia verdaderamente deliciosa. ¡Asà podremos deslizamos por la noche hasta aquà y oÃrle improvisar! ¿Cómo se llama?
—Jimson —dijo el hombre.
—¿Jimson? —repitió Julia, haciendo inútiles esfuerzos por recordar este nombre.
Pero la verdad es que nuestra joven escuela de música inglesa posee tantos genios que no llegamos a conocer sus nombres hasta que la reina los hace barones.
—¿Está usted seguro de que es ese nombre? —repuso Julia.
—Me lo ha deletreado él mismo —respondió el propietario—. Y su ópera se llama… espere usted… una especie de té.