Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Por lo demás, para dar al lector una idea de las vueltas y revueltas que dio la carreta dirigida por el sargento, deberÃa trazar aquà un plano del condado de Middlesex. Desgraciadamente es costosa la reproducción de esta clase de trabajos. Baste decir que a la caÃda de la tarde la carreta se detuvo en medio de un bosque y que una vez allÃ, el sargento levantó de entre los fardos con tierna solicitud y colocó sobre un montón de hojas secas el cuerpo inanimado del joven Harker.
«¡Si te despiertas de aquà a mañana, hijo mÃo —pensó el sargento—, será un milagro!».
Sacó luego suavemente todo lo que habÃa en los bolsillos del carretero dormido, es decir, principalmente una cantidad de diecisiete chelines y ocho peniques. Inmediatamente subióse al pescante y se puso de nuevo en marcha.
«¡Si supiera siquiera en donde estoy, la broma serÃa completa! —dijo para s×. ¡En fin, aquà hay un recodo!».