Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver En el ventorro del León Azul, el sargento Brand presentó a su nuevo amigo, el señor Harker, gran número de ingeniosas mezclas destinadas a impedir la completa embriaguez. Explicóle que el empleo de dichas mezclas era indispensable en el regimiento, porque sin ellas, ni un solo oficial se hallaría en un estado de sobriedad suficiente para poder asistir, por ejemplo, a las revistas de comisario. La más eficaz de estas mezclas consistía en combinar dos pintas de cerveza con cuatro cuartos de ginebra auténtica. Espero que mis lectores, aunque sean paisanos, sabrán utilizar esta receta, ya para sí, ya para un amigo, porque el efecto que produjo en el señor Harker fue en verdad tremendo. El pobre muchacho tuvo necesidad de ayuda para encaramarse al pescante, donde no hizo a partir de aquel momento más que reír y tocar. Así fue que el sargento tuvo naturalmente que tomar las riendas y, como sin duda, cual todo verdadero artista, tenía una preferencia marcada hacia las bellezas más solitarias y agrestes del paisaje inglés, fue apartándose cada vez más del camino principal, para meterse por otros cada vez más extraviados, desiertos y alejados.