Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Tal vez no era tan significativa como él suponía la revelación del sargento Brand. Precisamente en circunstancias como éstas hubiera podido intervenir el coro de la tragedia griega, para hacernos notar que el discurso del desconocido no nos explicaba suficientemente lo que venía a hacer de noche, vestido de harapos y en un camino vecinal un sargento del ejército colonial. Nadie mejor que dicho coro hubiera podido dar a entender que, según toda verosimilitud, el sargento Brand debía haber renunciado hacía ya tiempo a la obra magna de la defensa nacional y que al presente, se entregaba a la industria enteramente personal del merodeo y del robo. Pero como no había coro griego por aquellos andurriales, el guerrero se contentó, sin meterse en otras explicaciones autobiográficas, en demostrar que eran dos cosas muy distintas embriagarse de un modo regular y trincar con un amigo.