Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Las tribulaciones de Maurice (II)
Si nuestra literatura hubiese conservado sus antiguas tradiciones de reserva y cortesía clásicas, yo no rebajaría mi dignidad de escritor hasta el punto de describir a mis lectores las angustias de Maurice; es éste uno de los asuntos que, por la misma intensidad de su realismo, debería estar excluido de toda obra de arte digna de este nombre. Pero precisamente el gusto del día se inclina a los asuntos de este género; el lector desea que expongan a sus miradas los más recónditos repliegues de un héroe de novela, y nada le agrada tanto como el espectáculo de un corazón ensangrentado que se presenta ante él en toda su desnudez. Aun así no bastaría semejante reflexión si el repugnante asunto que voy a tratar no tuviese además un alcance altamente moralizador. ¡Tendré conciencia de no haber trabajado en vano, si mi relato puede impedir a uno solo de mis lectores lanzarse al crimen a la ligera, sin haberse rodeado de las más minuciosas, precauciones!
