Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Donde William Dent Pitman se entera de algo ventajoso para él
El domingo por la mañana se levantó William Dent Pitman a la hora de costumbre en una disposición de ánimo algo menos melancólica que la que le produjo la llegada del malhadado tonel.
Hay que advertir que la víspera de dicho domingo se había aumentado fructuosamente su familia con un nuevo huésped.
Éste había sido llevado por Michael Finsbury, el cual había fijado el precio de la pensión y garantizado el pago regular de la misma; pero sin duda, por un nuevo efecto de su irresistible manía de embromar, Michael había hecho a Pitman el retrato menos ventajoso posible del anciano a quien instalaba en su hogar. Había dado a entender al artista que aquel anciano, que por otra parte era su pariente próximo, debía ser tratado con gran desconfianza.
—Procure usted evitar familiaridad con él. ¡Conozco pocos hombres cuyo trato sea tan peligroso!
Por esta causa Pitman empezó por tratar a su huésped con gran circunspección pero quedó muy sorprendido al descubrir que aquel anciano que le habían asegurado ser tan terrible era en realidad un hombre excelente.
