Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver El pobre mozo estaba dispuesto a todos los sacrificios; lo único que deseaba era recobrar su dinero y poder enviar a paseo el comen lo de cueros. En tal situación de ánimo, y dada la moderación de sus exigencias, parecÃale muy extraño no poder convencer a su primo Michael. «¡SI por lo menos pudiera adivinar los motivos que le impulsan a rechazar mi oferta!», se repetÃa a sà mismo, sin casar. En efecto, de dÃa, paseándose por los bosques de Branksome, de noche, revolviéndose en la cama, en la mesa, olvidándose de comer, y en el baño no pensando en vestirse, siempre sentÃa su espÃritu asediado por el mismo problema: «¿Por qué no acepta Michael?».
Al fin, se lanzó una noche a la habitación de su hermano, a quien despertó dándole fuertes sacudidas.
—¿Qué hay? ¿Qué sucede? —preguntó John.
—Mañana se marcha Julia —respondió Maurice—. Vuelve a Londres a poner la casa en orden y buscar una cocinera. ¡Nosotros nos marcharemos pasado mañana!
—¡Bravo! —exclamó John—. ¿Y por qué?
—¡John, he resuelto el problema! —replicó gravemente su hermano.
—¿Qué problema? —preguntó John.
—¡He descubierto por qué no acepta Michael mi compromiso! —dijo Maurice—. ¡No lo acepta porque no puede aceptarlo, porque nuestro tÃo Mastermann ha muerto, y él quiere ocultar su muerte!