Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver —¡Oh, eso es ya historia antigua! —dijo su hermano—. ¡Ya no se trata de salvar la tontina, sino de salvar la casa de cueros! ¡Se trata de salvar la ropa que llevamos puesta, Johnny!
—¡No corras tanto —dijo John—, y cuéntame la historia desde el principio!
Maurice hizo lo que le ordenaba su hermano.
—¡Pues bien! ÂżQuĂ© es lo que yo te habĂa dicho? —exclamĂł el gran Vance, cuando hubo oĂdo el triste relato—. ¡Pero tengo que decirte algo, y es que no quiero verme despojado de la parte que me corresponde!
—¡Hombre, me alegrarĂa saber cĂłmo piensas arreglarte para ello! —dijo Maurice.
—¡Voy a decĂrselo a usted, caballero! —replicĂł John con tono resuelto—. ¡Voy sencillamente a confiar mi negocio al primer procurador de Londres, y me importará un bledo que salgas bien o mal!
—¡Sin embargo, John, navegamos en el mismo barco! —murmuró Maurice.