Aventuras de un cadaver

Aventuras de un cadaver

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Subieron los tres Finsbury en su vagón e inmediatamente empezaron a disputar, circunstancia insignificante, al parecer, pero que resultó ser, a un tiempo, muy desdichada para Maurice, y (me lisonjeo en creerlo así), muy feliz para los lectores. Porque si en vez de enredarse en la disputa, Maurice hubiera tenido la ocurrencia de asomarse a la ventanilla, hubiera sido imposible escribir la presente novela. En efecto, Maurice no hubiera podido menos de observar la entrada en el andén de un segundo viajero, vestido con el uniforme de sir Faraday Bond, y que se instaló en el vagón inmediato. Pero el pobre mozo tenía, a su parecer, algo más grave que pensar (¡y bien sabe Dios cuánto se engañaba!) y mucho más importante que pasearse por el andén antes de ponerse el tren en marcha.

—¡Habráse visto cosa igual! —exclamó apenas tomó asiento, reanudando una discusión que, por decirlo así, no había cesado desde por la mañana—. ¡Ese cheque no es de usted, es mío!

—¡Lleva mi firma! —replicó el anciano, con obstinación llena de amargura—. Tengo derecho para hacer con mi dinero lo que me da la gana.

El cheque en cuestión era uno de ochocientas libras que Maurice había entregado a su tío durante el almuerzo, para que lo firmase, y que el anciano se había guardado bonitamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker