Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver —¡Además —continuó Maurice—, no hay agua! ¿Cómo haremos para tenerla?
—¡No hay más que llenar esto en la fuente que está ahà a dos pasos! —respondió el carpintero posando su manaza sucia y negra en un tonel vacÃo colocado en la puerta—. ¡Mire usted, aquà hay un cubo para ir a la fuente! ¡En verdad esto constituye una distracción!
Maurice guiñó a su hermano y procedió al examen del barril. Estaba casi nuevo y parecÃa sólidamente construido. Si no hubieran estado resueltos de antemano a alquilar la casa, el tonel hubiera bastado para decidirles. Quedó inmediatamente cerrado el trato y pagado el primer mes de alquiler. Una hora después hubiera el lector podido ver a los hermanos Finsbury que penetraban en su amable cottage con una lámpara de alcohol, que debÃa servirles de cocina; una enorme llave, sÃmbolo de su dominio, un respetable pedazo de lomo de cerdo y un litro del whisky más malo de todo Hampshire. So pretexto de que eran pintores paisajistas habÃan alquilado para el dÃa siguiente una ligera pero sólida carretilla de mano, de modo que cuando tomaron posesión de su nueva morada, pudieron decir con justicia que habÃan vencido lo más grave de la dificultad.