Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver —¡SÃ; es verdad, tenÃas razón! —repuso Maurice, creyendo que la ocasión se prestaba a preparar a su hermano—. Pero es el caso que será preciso que permanezcas aquà hasta que yo te avise. Yo diré que el tÃo Joseph se ha quedado en el Bosque Nuevo para descansar un poco y respirar aire saludable. Es posible que volvamos juntos a Londres; jamás podrÃamos explicar la ausencia de nuestro tÃo.
John cambió inmediatamente de tono.
—¡Eh, niño, no me vengas con eso! —declaró—. Si quieres te puedes quedar tú en este agujero. ¡Lo que es yo, ni pensarlo!
Maurice sintió subÃrsele los colores a la cara. A todo trance era preciso que John aceptase el quedarse.
—¡Te ruego, Johnny —dijo—, que recuerdes el importe de la tontina! Si triunfo tendremos cada uno veinte mil libras y hasta muy cerca de treinta mil con los intereses.
—SÃ, pero ¿y si fracasas? ¿Qué sucederá en ese caso?
—Yo me encargaré de todos los gastos —declaró Maurice tras una larga pausa—. ¡No perderás ni un centavo!
—¡Vamos! —dijo John riendo estrepitosamente—, si tú cargas con todos los gastos y me das la mitad de las ganancias, consiento en quedarme aquà un dÃa o dos.