El Club de los Suicidas
El Club de los Suicidas —¡Ustedes son los hombres que buscaba! —gritó, con extraordinaria alegrÃa—. ¡Choquemos los cinco! —TenÃa la mano frÃa y húmeda—. ¡No saben bien en qué compañÃa inician el camino! ¡No saben bien en qué feliz momento para ustedes comieron mis tartas de crema! Soy sólo un soldado, pero formo parte de un ejército. Conozco la puerta secreta de la Muerte. Soy uno de sus familiares y puedo mostrarles la eternidad sin ceremonias y sin escándalos.
Los otros le requirieron que se explicase.
—¿Pueden ustedes reunir ochenta libras entre los dos? —les preguntó él.
Geraldine consultó su billetero con ostentación y respondió afirmativamente.
—¡Afortunados seres! —exclamó el joven—. Cuarenta libras es el precio de la entrada en el Club de los Suicidas.
—¿El Club de los Suicidas? —inquirió el prÃncipe—. ¿Qué demonios es eso?