El Club de los Suicidas
El Club de los Suicidas Silas O. Scuddamore tenía muchos vicios pequeños, aunque de naturaleza respetable y la elegancia no le impedía concedérselos de manera a veces un poco dudosa. De sus debilidades, la mayor era la curiosidad. Era chismoso de nacimiento, y la vida, en especial aquellos aspectos en los que no tenía experiencia, le interesaba con pasión. Era un preguntón incorregible e impertinente y planteaba sus preguntas con gran insistencia y total indiscreción. Cuando había llevado una carta ajena al correo, le habían visto sopesarla en la mano, darle vueltas y vueltas, y estudiar las señas con la mayor atención. Y cuando encontró un agujero en la pared que separaba su habitación de la de la señora Zéphyrine, en lugar de cerrarlo, lo agrandó y mejoró la abertura, y lo utilizó para espiar la vida de su vecina.