El Diablo de la botella
El Diablo de la botella –Ahora –dijo Keawe– he vendido por sesenta dólares lo que compré por cincuenta o, para ser más exactos, por un poco menos, porque uno de mis dólares venÃa de Chile. En seguida averiguaré la verdad sobre otro punto.
Asà que volvió a su barco y, cuando abrió su baúl, allà estaba la botella, que habÃa llegado antes que él.
En aquel barco Keawe tenÃa un compañero que se llamaba Lopaka.
–¿Qué te sucede –le preguntó Lopaka– que miras el baúl tan fijamente?
Estaban solos en el castillo de proa. Keawe le hizo prometer que guardarÃa el secreto y se lo contó todo.
–Es un asunto muy extraño –dijo Lopaka–; y me temo que vas a tener dificultades con esa botella. Pero una cosa está muy clara: puesto que tienes asegurados los problemas, será mejor que obtengas también los beneficios. Decide qué es lo que deseas; da la orden y si resulta tal como quieres, yo mismo te compraré la botella; porque a mà me gustarÃa tener un velero y dedicarme a comerciar entre las islas.