El Diablo de la botella
El Diablo de la botella –Vayamos al abogado –dijo Lopaka–. Porque yo sigo pensando lo mismo.
Al hablar con el abogado, se enteraron de que el tÃo de Keawe se habÃa hecho enormemente rico en los últimos tiempos y que le dejaba dinero en abundancia.
–¡Ya tienes el dinero para la casa! –exclamó Lopaka.
–Si está usted pensando en construir una casa –dijo el abogado–, aquà está la tarjeta de un arquitecto nuevo del que me cuentan grandes cosas.
–¡Cada vez mejor! –exclamó Lopaka–. Está todo muy claro. Sigamos obedeciendo órdenes.
De manera que fueron a ver al arquitecto, que tenÃa diferentes proyectos de casas sobre la mesa.
–Usted desea algo fuera de lo corriente –dijo el arquitecto–. ¿Qué le parece esto?
Y le pasó a Keawe uno de los dibujos.
Cuando Keawe lo vio, dejó escapar una exclamación, porque representaba exactamente lo que él habÃa visto con la imaginación.
«Ésta es la casa que quiero», pensó Keawe. «A pesar de lo poco que me gusta cómo viene a parar a mis manos, ésta es la casa, y más vale que acepte lo bueno junto con lo malo.»