Fabulas
Fabulas EL ENFERMO Y EL BOMBERO
HABÍA UNA VEZ un hombre enfermo en una casa en llamas, en cuya ayuda acudió un bombero.
—No me salve —dijo el enfermo—. Salve a los que son fuertes.
—¿Tendría la bondad de explicarme por qué? —preguntó el bombero, que era un hombre educado.
—Nada sería más justo —respondió el enfermo—. Debe preferirse a los fuertes en todos los casos, pues pueden prestar mayor servicio al mundo.
El bombero reflexionó unos instantes, pues era un hombre de cierta filosofía.
—Concedido —dijo al fin, mientras una parte del tejado se desplomaba—, pero, por seguir con nuestra conversación, ¿cuál sería en su opinión el servicio de los fuertes, propiamente dicho?
—Nada más fácil —respondió el enfermo—. El servicio de los fuertes propiamente dicho es ayudar a los débiles.
El bombero reflexionó una vez más, pues no había en este hombre extraordinario premura alguna.
—Podría perdonarle por estar enfermo —dijo entonces, mientras se derrumbaba una parte de la pared—, pero no puedo tolerar que sea usted tan idiota. —Dicho lo cual levantó su hacha, pues era un hombre eminentemente justo, y partió en dos al enfermo en su lecho.
