Fabulas
Fabulas EL DIABLO Y EL POSADERO
CIERTO DÍA, el diablo se alojó en una posada donde nadie lo conocía, pues vivían allí personas que no habían recibido una educación esmerada. Era muy dado a hacer diabluras y tuvo a todo el mundo en vilo por espacio de algún tiempo, hasta que el posadero lo estuvo vigilando y lo sorprendió in fraganti.
El posadero cogió una cuerda.
—Ahora voy a azotarte —dijo.
—No tienes derecho a enfadarte conmigo —contestó el diablo—. No soy más que el diablo y está en mi naturaleza hacer el mal.
—¿Es eso cierto? —inquirió el posadero.
—Muy cierto, te lo aseguro.
—¿De verdad no puedes evitar hacer daño? —preguntó el posadero.
—Ni por asomo —contestó el diablo—. Sería inútil y cruel azotar a una cosa como yo.
—Tienes mucha razón —asintió el posadero.
Hizo un nudo con la cuerda, ahorcó al diablo y dijo:
—¡Listo!
