Fabulas
Fabulas Pasaron entonces junto a una granja en la que habÃa un pavo real posado en una cerca, que abrió la boca y cantó con la voz de un ruiseñor.
—¿Qué me dices ahora? —preguntó el hombre de virtud—. ¡Y sin embargo, esto a mà no me afecta! ¡Grande es la verdad y ha de prevalecer!
—¡El diablo acompaña a este pavo real! —dijo el sacerdote. Y a lo largo de varios kilómetros se mostró muy abatido.
Llegaron luego a un templo, donde un faquir obraba milagros.
—¡Ah! —dijo el sacerdote—. Aquà residen los verdaderos cimientos de la fe. El pavo real no es más que un pequeño complemento. Ésta es la base de nuestra religión. —Y se dio un golpe de pecho, gimiendo como si tuviera un cólico.
—En mi opinión —dijo el hombre de virtud— todo esto cuenta tan poco como el pavo real. Yo creo porque veo que el bien es grande y ha de prevalecer. Y este faquir bien podrÃa ya continuar con sus trucos de magia hasta el DÃa del Juicio Final, que no podrá engañar a un hombre como yo por mucho que se empeñe.
Tanto se indignó el faquir que le tembló la mano, y hete aquà que las cartas se le cayeron de la manga en mitad de un milagro.
—¿Qué me dices ahora? —preguntó el hombre de virtud—. ¡Y sin embargo, esto a mà no me afecta!