Fabulas
Fabulas Pero el simio cientÃfico se llevó a los machos jóvenes a un aparte, y éstos lo escucharon entonces con mayor atención.
—El hombre no es nada más que un simio que ha progresado —dijo, colgándose por la cola de una rama alta—. Como se da el caso de que los registros geológicos no son completos, es imposible saber cuánto tiempo tardó en ascender, y cuánto podrÃamos tardar nosotros en seguir sus pasos. Sin embargo, tras haber indagado bien a fondo in medias res, sirviéndome de un sistema de mi propia invención, creo que podemos dejarlos a todos pasmados. El hombre ha desperdiciado centurias ocupándose de la religión, la moral, la poesÃa y otras zarandajas; ha tardado siglos en desarrollar una ciencia digna de tal nombre, y puede decirse que no empezó a practicar la vivisección hasta antes de ayer. Nosotros lo haremos al revés: empezaremos por ella.
—¡Por todos los cocos…! ¿Qué es la vivisección? —preguntó un simio.
El doctor explicó extensamente lo que habÃa visto en el laboratorio, y algunos de sus oyentes —no todos— se mostraron entusiasmados.
—¡Nunca he oÃdo cosa más brutal! —exclamó un simio que habÃa perdido una oreja en un combate con su tÃa.
—¿Y eso para qué sirve? —quiso saber otro.