Fabulas
Fabulas —¿Es que no lo veis? —preguntó el doctor—. Si diseccionamos a los hombres averiguaremos cómo somos los simios, y de ese modo progresaremos.
—¿Y por qué no nos diseccionamos los unos a los otros? —preguntó otro de sus discÃpulos, muy amigo de polémicas.
—¡Qué vergüenza! —le reprochó el doctor—. No pienso quedarme aquà escuchando semejantes tonterÃas, y mucho menos en público.
—¿Y si probáramos con criminales? —insistió el polemista.
—Es altamente dudoso que exista eso que se conoce como el Bien y el Mal. Si no existe, ¿dónde quedarÃan tus criminales? —protestó el doctor—. Además, la opinión pública no lo tolerarÃa. Los hombres nos sirven perfectamente para nuestros fines, puesto que pertenecen al mismo género que nosotros.
—Parece una crueldad para con los hombres —observó el mono al que le faltaba una oreja.
—Bueno, para empezar —dijo el doctor—, ellos aseguran que nosotros no sufrimos, que somos lo que se conoce como autómatas. Por lo tanto, tenemos todo el derecho del mundo a decir lo mismo de ellos.
—Eso es ridÃculo, y además es destructivo —señaló el polemista—. Si no son más que autómatas no pueden enseñarnos nada. Y si pueden enseñarnos algo, ¡por los cocos que tienen que sufrir!