La Isla del tesoro
La Isla del tesoro En cuanto Silver desapareció, el capitán, que lo había estado observando atentamente, se volvió hacia el interior de la cabaña y pudo ver que, excepto Gray, ningún hombre estaba en su sitio. Fue la primera vez que lo vimos enfadado.
—¡A vuestros puestos! —rugió.
Y luego, cuando todos nos hubimos apostado donde nos correspondía, dijo:
—Gray, anotaré tu nombre en el cuaderno de bitácora; has cumplido con tu deber como un auténtico marinero. Señor Trelawney, me sorprendéis. Doctor, ¡creí que habíais llevado el uniforme del rey! Si así es como servisteis en Fontenoy, señor, más os habría valido haberos quedado en la cama.
Los hombres del retén del doctor habían vuelto a sus troneras y los demás estaban ocupados cargando los mosquetes de reserva; nos había sacado los colores a todos y andábamos con la cabeza gacha, como se suele decir.
El capitán siguió un buen rato vigilándonos en silencio y luego dijo:
