La Isla del tesoro
La Isla del tesoro TodavÃa iba sumido en tan deliciosas ensoñaciones cuando de repente llegamos ante una gran posada y nos encontramos con el caballero Trelawney, vestido de arriba abajo de grueso paño azul, como un oficial de la marina, que salÃa por la puerta con una sonrisa en los labios e imitando de maravilla los andares de los marineros.
—¡Conque aquà estáis! —exclamó—. El doctor llegó anoche de Londres. ¡Bravo! Tenemos la tripulación al completo.
—¿Cuándo zarpamos, señor? —grité yo.
—¿Cuándo? —replicó él—. ¡Zarpamos mañana!