Drácula
Drácula Es un viejo muy divertido. Debe ser terriblemente viejo, pues su rostro está todo rugoso y torcido como la corteza de un árbol. Me dice que tiene casi cien años, y que era marinero de la flota pesquera de Groenlandia cuando la batalla de Waterloo. Es, temo, una persona muy escéptica, pues cuando le pregunté acerca de las campanas en el mar y acerca de la Dama de Blanco en la abadÃa, me dijo muy bruscamente:
—Señorita, si yo fuera usted, no me preocuparÃa por eso. Esas cosas están todas gastadas. Es decir, yo no digo que nunca sucedieron, pero sà digo que no sucedieron en mi tiempo. Todo eso está bien para forasteros y viajeros, pero no para una joven tan bonita como usted. Esos caminantes de York y Leeds, que siempre están comiendo arenques curtidos y tomando té, y viendo cómo pueden comprar cualquier cosa barata, creen en esas cosas. Yo me pregunto quién se preocupa de contarles esas mentiras, hasta en los periódicos, que están llenos de habladurÃas tontas.
Creà que serÃa una buena persona de quien podÃa aprender cosas interesantes, asà es que le pregunté si no le molestarÃa decirme algo acerca de la pesca de ballenas en tiempos remotos. Estaba justamente sentándose para comenzar cuando el reloj dio las seis, y entonces se levantó trabajosamente, y dijo: