Drácula
Drácula Whitby.- Una de las tormentas más fuertes y repentinas que se recuerdan acaba de pasar por aquÃ, con resultados extraños. El tiempo un tanto bochornoso, pero de ninguna manera excepcional para el mes de agosto. La noche del sábado fue tan buena como cualquier otra, y la gran cantidad de visitantes fueron ayer a los bosques de Mulgrave, la bahÃa de Robin Hood, el molino de Rig, Runswick, Staithes y los otros sitios de recreo en los alrededores de Whitby. Los vapores Emma y Scarborough hicieron numerosos viajes a lo largo de la costa, y hubo un movimiento extraordinario de personas que iban y venÃan de Whitby. El dÃa fue extremadamente bonito hasta por la tarde, cuando algunos de los chismosos que frecuentan el cementerio de la iglesia de East Cliff, y desde esa prominente eminencia observan la amplia extensión del mar visible hacia el norte y hacia el este, llamaron la atención un grupo de "colas de caballo" muy altas en el cielo hacia el noroeste. El viento estaba soplando desde el suroeste en un grado suave que en el lenguaje barométrico es calificado como 2: brisa ligera. El guardacostas de turno hizo inmediatamente el informe, y un anciano pescador, que durante más de medio siglo ha hecho observaciones del tiempo desde East Cliff, predijo de una manera enfática la llegada de una repentina tormenta. La puesta del sol fue tan bella, tan grandiosa en sus masas de nubes espléndidamente coloreadas, que una gran cantidad de personas se reunieron en la acera a lo largo del acantilado en el cementerio de la vieja iglesia, para gozar de su belleza. Antes de que el sol se hundiera detrás de la negra masa de Kettleness, encontrándose abiertamente de babor a estribor sobre el cielo del oeste, su ruta de descenso fue marcada por una mirÃada de nubes de todos los colores del celaje: rojas, moradas, color de rosa, verdes, violetas, y de todos los matices dorados; habÃa aquà y allá masas no muy grandes, pero notoriamente de un negro absoluto, en todas clases de figuras; algunas sólo delineadas y otras como colosales siluetas. La vista de aquel paisaje no fue desaprovechada por los pintores, y no cabe ninguna duda de que algunos esbozos del "Preludio a una Gran Tormenta" adornaran las paredes de R. A. y R. I. el próximo mayo. Más de un capitán decidió en aquellos momentos y en aquel lugar que su "guijarro" o su "mula" (como llaman a las diferentes clases de botes) permanecerÃa en el puerto hasta que hubiera pasado la tormenta. Por la noche el viento amainó por completo, y a la medianoche habÃa una calma chicha, un bochornoso calor, y esa intensidad prevaleciente que, al acercarse el trueno, afecta a las personas de naturaleza muy sensible. Sólo habÃa muy pocas luces en el mar, pues hasta los vapores costeños, que suelen navegar muy cerca de la orilla, se mantuvieron mar adentro, y sólo podÃan verse muy contados barcos de pesca. La única vela sobresaliente era una goleta forastera que tenÃa desplegado todo su velamen, y que parecÃa dirigirse hacia el oeste.