Drácula
Drácula —Y cuando usted dijo que darÃa un informe sobre mà por usar lenguaje obsceno, eso fue como si me golpeara sobre la cabeza; pero me contuve: lo hice muy bien. Yo no iba a pelear, asà es que esperé por la comida e hice con mi escudilla como hacen los lobos, los leones y los tigres. Pero, que Dios tenga compasión de usted ahora que la vieja me ha metido un trozo de su pastel en la barriga, me ha remojado con su floreciente tetera, y que yo he encendido mi tabaco. Puede usted rascarme las orejas todo lo que quiera, y no dejaré escapar ni un gruñido. Comience a preguntarme. Ya sé a lo que viene: es por ese lobo que se escapó.
—Exactamente. Quiero que usted me dé su punto de vista sobre ello. Sólo dÃgame cómo sucedió, y cuando conozca los hechos haré que me diga sus opiniones sobre la causa de ellos, y cómo piensa que va a terminar todo el asunto.
—Muy bien, gobernador. Esto que le digo es casi toda la historia. El lobo ese que llamábamos Bersicker era uno de los tres grises que vinieron de Noruega para Jamrach, y que compramos hace cuatro años. Era un lobo bueno, tranquilo, que nunca causó molestias de las que se pudiera hablar. Estoy verdaderamente sorprendido de que haya sido él, entre todos los animales, quien haya deseado irse de aquÃ. Pero ahà tiene, no puede fiarse uno de los lobos, asà como no puede uno fiarse de las mujeres.