Drácula

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Fui despertada por el aleteo en la ventana, que había comenzado desde aquella noche en que caminé sonámbula hasta el desfiladero de Whitby, donde Mina me salvó, y que ahora conozco tan bien. No tenía miedo, pero si deseé que el doctor Seward estuviera en el cuarto contiguo (tal como había dicho el doctor van Helsing que estaría), de manera que yo pudiera hablarle en cualquier momento. Traté de dormirme nuevamente, pero no pude. Entonces volvió la antigua angustia de antes de dormirme, y decidí permanecer despierta. Perversamente, el sueño trató de regresar cuando yo ya no quería dormir; de tal manera que, como temía estar sola, abrí mi puerta y grité: "¿Hay alguien allí?" No obtuve respuesta. Tuve miedo de despertar a mamá, y por eso cerré la puerta nuevamente. Entonces, afuera, en los arbustos, oí una especie de aullido de perro, pero más fiero y más profundo. Me dirigí a la ventana y miré hacia afuera, mas no alcancé a distinguir nada, excepto un gran murciélago, que evidentemente había estado pegando con sus alas contra la ventana. Por ello regresé de nuevo a la cama, pero con la firme determinación de no dormirme. Al momento se abrió la puerta y mi madre miró a través de ella; viendo por mi movimiento que no estaba dormida, entró y se sentó a mi lado. Me dijo, más dulce y suavemente que de costumbre:

—Estaba intranquila por ti, querida, y entré a ver si estabas bien.


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