Drácula
Drácula —Puedo hacer esto; es todo lo que puede ser hecho de momento. Usted vaya y despierte a esas sirvientas. Golpéelas suavemente en la cara con una toalla húmeda, y golpéelas fuerte. Hágalas que reúnan calor y fuego y calienten agua. Esta pobre alma está casi frÃa como la otra. Necesitará que la calentemos antes de que podamos hacer algo más.
Fui inmediatamente y encontré poca dificultad en despertar a tres de las mujeres. La cuarta sólo era una jovencita y el narcótico la habÃa afectado evidentemente con más fuerza, por lo que la levanté hasta el sofá y la dejé dormir. Las otras estaban en un principio aturdidas, pero al comenzar a recordar lo sucedido sollozaron en forma histérica. Sin embargo, yo fui riguroso con ellas y no les permità hablar. Les dije que perder una vida era suficientemente doloroso, y que si se tardaban mucho iban a sacrificar también a la señorita Lucy. Asà es que, sollozando, comenzaron a hacer los arreglos, a medio vestir como estaban, y prepararon el fuego y el agua.