Drácula
Drácula Afortunadamente, el fuego de la cocina y del calentador todavía funcionaba, por lo que no hacía falta el agua caliente. Arreglamos el baño y llevamos a Lucy tal como estaba a la bañera. Mientras estábamos ocupados frotando sus miembros alguien llamó a la puerta del corredor. Una de las criadas corrió, se echo encima apresuradamente alguna ropa más, y abrió la puerta. Luego regresó y nos susurró que era un caballero que había llegado con un mensaje del señor Holmwood. Le supliqué simplemente que le dijera que debía esperar, pues de momento no podíamos ver a nadie. Ella salió con el recado, y embebidos en nuestro trabajo, olvidé por completo la presencia de aquel hombre.
En toda mi experiencia nunca vi trabajar a mi maestro con una seriedad tan solemne. Yo sabía, como lo sabía él, que se trataba de una lucha desesperada contra la muerte, y en una pausa se lo dije. Me respondió de una manera que no pude comprender, pero con la mirada más seria que podía reflejar su rostro:
—Si eso fuera todo, yo pararía aquí mismo donde estamos ahora y la dejaría desvanecerse en paz, pues no veo ninguna luz en el horizonte de su vida.
Continuó su trabajo con un vigor, si es posible, renovado y más frenético.