Drácula
Drácula Al cabo de un rato ambos comenzamos a ser conscientes de que el calor estaba comenzando a tener algún efecto. El corazón de Lucy latió un poco más audiblemente al estetoscopio, y sus pulmones tuvieron un movimiento perceptible. La cara de van Helsing casi irradió cuando la levantamos del baño y la enrollamos en una sábana caliente para secarla. Me dijo:
—¡La primera victoria es nuestra! ¡Jaque al rey!
Llevamos a Lucy a otra habitación, que para entonces ya habÃa sido preparada, y la metimos en cama y la obligamos a que bebiera unas cuantas gotas de brandy. Yo noté que van Helsing ató un suave pañuelo de seda alrededor de su cuello. Ella todavÃa estaba inconsciente, y estaba tan mal, si no peor, de como jamás la hubiéramos visto.
Van Helsing llamó a una de las mujeres y le dijo que se quedara con ella y que no le quitara los ojos de encima hasta que regresáramos. Luego me hizo una seña para que saliéramos del cuarto.
—Debemos consultar sobre lo que vamos a hacer —me dijo, mientras descendÃamos por las gradas.