Drácula
Drácula —E imagino que Art también está en el asunto. Cuando lo vi hace cuatro dÃas en su casa, parecÃa bastante raro. Nunca habÃa visto a nadie que enflaqueciera tan rápidamente, desde que estuve en las Pampas y tuve una yegua que le gustaba ir a pastar por las noches. Uno de esos grandes murciélagos a los que ellos llaman vampiros la agarró por la noche y la dejó con la garganta y la vena abiertas, sin que hubiera suficiente sangre dentro de ella para permitirle estar de pie, por lo que tuve que meterle una bala mientras yacÃa. Jack, si puedes hablarme sin traicionar la confianza que hayan depositado en ti, dime, Arthur fue el primero, ¿no es asÃ?
A medida que hablaba mi pobre amigo daba muestras de estar terriblemente ansioso. Estaba en una tortura de inquietud por la mujer que amaba, y su total ignorancia del terrible misterio que parecÃa rodearla a ella intensificaba su dolor. Le sangraba el propio corazón, y se necesitó toda la hombrÃa en él (de la cual habÃa bastante, puedo asegurarlo) para evitar que cayera abatido. Hice una pausa antes de responder, pues sentÃa que no debÃa decir nada que traicionara los secretos que el médico desea guardar; pero de todas maneras él ya sabÃa tanto, y adivinaba tanto, que no habÃa ninguna razón para no responder, por lo que le contesté con la misma frase:
—Asà es.