Drácula
Drácula —¿Y durante cuánto tiempo ha estado sucediendo esto?
—Desde hace cerca de diez dÃas,
—¡Diez dÃas! Entonces supongo, Jack Seward, que la pobre criatura que todos amamos se ha puesto en sus venas durante ese tiempo la sangre de cuatro hombres fuertes. Un hombre mismo no podrÃa soportarlo mucho tiempo —añadió, y luego, acercándoseme, habló en una especie de airado susurro—: ¿Qué se la sacó?
Yo movà la cabeza negativamente.
—He ahà el problema. Van Helsing simplemente se pone frenético acerca de ello, y yo estoy a punto de devanarme los sesos. Ya no puedo ni aventurar una adivinanza. Ha habido una serie de pequeñas circunstancias que han echado por tierra todos nuestros cálculos para que Lucy sea vigilada adecuadamente. Pero esto no ocurrirá otra vez. Nos quedaremos aquà hasta que todo esté bien… o mal.
Quincey extendió su mano.
—Cuenten conmigo —dijo—. Tú y el holandés sólo tienen que decirme lo que haga, y yo lo haré.
Cuando Lucy despertó por la tarde, su primer movimiento fue de palparse el pecho, y, para mi sorpresa, extrajo de él el papel que van Helsing me habÃa dado a leer.