Drácula
Drácula Tomé su mano y se lo prometÃ. Mientras él se alejaba, mantuve mi puerta abierta y lo observé entrar en su cuarto y cerrar la puerta. Mientras estaba sin moverme, vi a una de las sirvientas pasar silenciosamente a lo largo del corredor (iba de espaldas a mÃ, por lo que no me vio) y entrar en el cuarto donde yacÃa Lucy. Esto me impresionó. ¡La devoción es tan rara, y nos sentimos tan agradecidos para con aquellos que la demuestran hacia nuestros seres queridos sin que nosotros se lo pidamos… ! Allà estaba una pobre muchacha sobreponiéndose a los terrores que naturalmente sentÃa por la muerte, para ir a hacer guardia solitaria junto al féretro de la patrona a quien amaba, para que la pobre no estuviese solitaria hasta que fuese colocada para su eterno descanso…
Debo haber dormido larga y profundamente, pues ya era pleno dÃa cuando van Helsing me despertó al entrar en mi cuarto. Llegó hasta cerca de mi cama, y dijo:
—No necesita molestarse por los bisturÃes. No lo haremos.
—¿Por qué no? —le pregunté, pues la solemnidad que habÃa manifestado la noche anterior me habÃa impresionado profundamente.