Drácula
Drácula —¡Santo Dios, profesor! —dije yo, poniéndome en pie—. ¿Quiere usted decirme que Lucy fue mordida por un murciélago de esos, y que una cosa semejante a ésa está aquà en Londres, en el siglo XIX?
Movió la mano, pidiéndome silencio, y continuó:
—¿Puede usted decirme por qué una tortuga vive mucho más tiempo que muchas generaciones de hombres? ¿Por qué el elefante sigue viviendo hasta que ha visto dinastÃas, y por qué el loro nunca muere si no es de la mordedura de un gato o un perro, u otro accidente? ¿Puede usted decirme por qué en todas las edades y lugares los hombres creen que hay unos hombres que viven si se les permite, es decir, que hay unos hombres y mujeres que no mueren de muerte natural? Todos sabemos, porque la ciencia ha atestiguado el hecho, que algunos sapitos han estado encerrados en formaciones rocosas durante miles de años, en un pequeño agujero que los ha sostenido desde los primeros años del mundo. ¿Puede usted decirme cómo el faquir hindú puede dejarse morir y enterrar, y sellar su tumba plantando sobre ella maÃz, y que el maÃz madure y se corte y desgrane y se siembre y madure y se corte otra vez, y que entonces los hombres vengan y retiren el sello sin romper y que ahà se encuentre el faquir hindú, no muerto, sino que se levante y camine entre ellos como antes?