Drácula
Drácula A todas luces habÃa comprendido que habÃa vuelto a dudar de todo ello, sin que yo pronunciara una sola palabra. Luego, se volvió hacia los otros dos y les dijo, con mucha gravedad:
—Deseo que me den su autorización para hacer esta noche lo que creo conveniente. Aunque sé que eso es mucho pedir; y solamente cuando sepan qué me propongo hacer comprenderán su importancia. Por consiguiente, me veo obligado a pedirles que me prometan el permiso sin saber nada, para que más tarde, aunque se enfaden conmigo y continúen enojados durante cierto tiempo, una posibilidad que no he pasado por alto, no puedan culparse ustedes de nada.
—Me parece muy leal su proceder —interrumpió Quincey—. Respondo por el profesor. No tengo ni la menor idea de cuáles sean sus intenciones; pero les aseguro que es un caballero honrado, y eso basta para mÃ.
—Muchas gracias, señor —dijo van Helsing con orgullo—. Me he honrado considerándolo a usted un amigo de confianza, y su apoyo me es muy grato.
Extendió una mano, que Quincey aceptó.
Entonces, Arthur tomó la palabra: