Drácula
Drácula 29 de septiembre, por la mañana… Anoche, poco antes de las diez, Arthur y Quincey entraron en la habitación de van Helsing; éste nos dijo todo lo que deseaba que hiciéramos; pero, especialmente, se dirigió a Arthur, como si todas nuestras voluntades estuvieran concentradas en la suya. Comenzó diciendo que esperaba que todos nosotros lo acompañáramos.
—Puesto que es preciso hacer allà algo muy grave, ¿viene usted? ¿Le asombró mi carta?
Las preguntas fueron dirigidas a lord Godalming.
—SÃ. Me sentà un poco molesto al principio. Ha habido tantos enredos en torno a mi casa en los últimos tiempos que no me agradaba la idea de uno más. Asimismo, tenÃa curiosidad por saber qué querÃa usted decir. Quincey y yo discutimos acerca de ello; pero, cuanto más ahondábamos la cuestión tanto más desconcertados nos sentÃamos. En lo que a mà respecta, creo que he perdido por completo la capacidad de comprender.
—Yo me encuentro en el mismo caso —dijo Quincey Morris, lacónicamente.
—¡Oh! —dijo el profesor—. En ese caso, se encuentran ustedes más cerca del principio que nuestro amigo John, que tiene que desandar mucho camino para acercarse siquiera al principio.