Drácula
Drácula —Ahora, amigo mÃo, puede usted besarla, Bésele los labios muertos si lo desea, como ella lo desearÃa si pudiera escoger. Puesto que ya no es una diablesa sonriente… , un objeto maldito para toda la eternidad. Ya no es la diabólica "muerta viva". ¡Es una muerta que pertenece a Dios y su alma esta con Él!.
Arthur se inclinó y la besó. Luego, enviamos a Arthur y a Quincey fuera de la cripta. El profesor y yo cortamos la parte superior de la estaca, dejando la punta dentro del cuerpo. Luego, le cortamos la cabeza y le llenamos la boca de ajo. Soldamos cuidadosamente la caja de plomo, colocamos en su sitio la cubierta del féretro, apretando los tornillos, y luego de recoger todo cuanto nos pertenecÃa, salimos de la cripta. El profesor cerró la puerta y le entregó la llave a Arthur.
Al exterior el aire era suave, el sol brillaba, los pájaros gorjeaban y parecÃa que toda la naturaleza habÃa cambiado por completo. HabÃa alegrÃa, paz y tranquilidad por todas partes. Nos sentÃamos todavÃa nosotros mismos y llenos de alegrÃa, aunque no se trataba de un gozo intenso, sino más bien de algo suave y muy agradable.
Antes de que nos pusiéramos en movimiento para alejarnos de aquel lugar, van Helsing dijo: