Drácula
Drácula Me senté a su lado y le tomé la mano. Espero que no haya pensado que fuera un atrevimiento mÃo, y que si piensa en ello después, nunca se le ocurrirá nada semejante.
Lo estoy denigrando un poco; sé que nunca lo hará… Es demasiado caballeresco para eso. Comprendà que su corazón estaba destrozado, y le dije:
—QuerÃa a Lucy y sé lo que ella representaba para usted, y lo que era usted para ella. Éramos como hermanas, y, ahora que ella se ha ido, ¿no va a permitirme que sea como una hermana para usted en medio de su dolor? Sé la tristeza que lo ha embargado, aunque no puedo medir exactamente su profundidad. Si la simpatÃa y la comprensión pueden ayudarlo a usted en su aflicción, ¿no me permite que lo ayude… , por amor de Lucy?
En un instante, el pobre hombre se encontró abrumado por el dolor. Me pareció que todo lo que habÃa tenido que sufrir en silencio hasta entonces brotaba de golpe. Se puso fuera de sà y, levantando las manos abiertas, hizo chocar las palmas, expresando la magnitud de su dolor. Se puso en pie y, un instante después, volvió a tomar asiento y las lágrimas no cesaban de correrle por las mejillas. Sentà una enorme lástima por él, y sin pensarlo, abrà los brazos. Con un sollozo, apoyó su cabeza en mi hombro y lloró como un niño cansado, al tiempo que temblaba de emoción.