Drácula
Drácula Nosotras, las mujeres, tenemos algo de madres que nos hace elevarnos sobre las cosas menos importantes cuando se invoca la maternidad; sentà que aquella cabeza de hombre presa del dolor reposaba sobre mÃ, como si fuera la del bebé que algún dÃa podré tener en el regazo, y le acaricié el pelo, como si se tratara de mi hijo. En aquel momento no pensé en lo extraño que era todo aquello.
Al cabo de un rato, sus sollozos cesaron y se irguió, excusándose, aunque no trató de esconder su emoción. Me dijo que durante muchos dÃas y noches, dÃas llenos de fatiga y noches sin sueño, se habÃa sentido incapaz de hablar con nadie, como debe hacerlo un hombre en momentos de aflicción como aquellos. No habÃa ninguna mujer cuyo consuelo pudiera serle entregado o con el que, debido a las terribles circunstancias que rodeaban a su dolor, pudiera hablar libremente.
—Ahora sé como sufrÃa —dijo, al tiempo que se secaba los ojos—. Pero, no sé ni siquiera en este momento y ninguna otra persona podrá comprenderlo nunca, lo mucho que ha significado hoy para mà su dulce consuelo. Con el tiempo lo comprenderé mejor, y créame que, aunque se lo agradezco infinitamente ahora, mi agradecimiento irá en aumento al mismo tiempo que mi comprensión. ¿Me permite usted que seamos como hermanos durante todas nuestras vidas… , por amor de Lucy?