Drácula
Drácula —Por el amor de nuestra Lucy —le dije, al tiempo que le daba la mano.
—Y por usted misma —añadió él—, puesto que si la estimación de un hombre y su gratitud tienen algún valor, usted las ha ganado hoy. Si alguna vez en el futuro llega usted a tener necesidad de la ayuda de un hombre, créame que no me llamará usted en vano. Dios quiera que nunca se presente ese momento en que la luz del sol desaparezca de su vida; pero si llegara a presentarse, prométame que acudirá a mÃ.
Era tan sincero y su dolor habÃa sido tan profundo, que comprendà que serÃa un consuelo para él, y le dije:
—Se lo prometo.
Cuando salà al pasillo vi al señor Morris, que estaba mirando al exterior por una de las ventanas. Se volvió al oÃr el ruido de mis pasos.
—¿Cómo está Art? —inquirió.
Luego, viendo mis ojos enrojecidos, siguió diciendo:
—¡Ah! Ya veo que lo ha estado usted consolando. ¡Pobre amigo mÃo! Eso es lo que necesita. Nadie que no sea una mujer puede consolar a un hombre cuando tiene el corazón destrozado, y él no tiene a ninguna…