Drácula
Drácula —¡Porque el campesino es en el fondo de su corazón cobarde e imbécil! Esas llamas sólo aparecen en una noche; y en esa noche ningún hombre de esta tierra, si puede evitarlo, se atreve siquiera a espiar por su puerta. Y, mi querido señor, aunque lo hiciera, no sabrÃa qué hacer. Le aseguro que ni siquiera el campesino que usted me dijo que marcó los lugares de la llama sabrá donde buscar durante el dÃa, por el trabajo que hizo esa noche. Hasta usted, me atrevo a afirmar, no serÃa capaz de encontrar esos lugares otra vez. ¿No es cierto?
—SÃ, es verdad —dije yo—. No tengo ni la más remota idea de donde podrÃa buscarlos.
Luego pasamos a otros temas.
—Vamos —me dijo al final—, cuénteme de Londres y de la casa que ha comprado a mi nombre.