Drácula
Drácula —Este es el lugar —dijo el profesor, al tiempo que hacÃa que reposara la lucecita de su lámpara sobre un mapa de la casa, copiado de mis archivos sobre la correspondencia relativa a la adquisición de la casa. Con cierta dificultad, encontramos la llave correspondiente en el manojo y abrimos la puerta. Estábamos preparados para algo desagradable, puesto que al estar abriendo la puerta, un aire tenue y maloliente parecÃa brotar de entre las rendijas, pero ninguno de nosotros esperaba encontrarse con un olor como el que nos llegó. Ninguno de los otros habÃa encontrado al conde en sus cercanÃas, y cuando yo lo habÃa visto, estaba, o bien en su rápida existencia en las habitaciones o, cuando estaba lleno de sangre fresca, en un edificio en ruinas, a cielo abierto, donde penetraba el aire libre; pero, allÃ, el lugar era reducido y cerrado, y el largo tiempo que habÃa permanecido sin ser hallado hacÃa que el aire estuviera estancado y que oliera a podrido.