Drácula
Drácula —Hasta ahora —dijo—, la noche ha sido verdaderamente un éxito para nosotros. No hemos recibido ningún daño, como hubiéramos podido temer y, además, hemos podido cerciorarnos de qué número de cajas falta. Sobre todo, me alegro mucho de que este primer paso que hemos dado, quizá el más difÃcil y peligroso de todos, hayamos podido llevarlo a cabo sin que nuestra dulce señora Mina nos acompañara, y sin que hubiera necesidad de turbar sus pensamientos, tanto más cuanto que estarÃa despierta y dormida pensando en visiones, ruidos y olores que nunca podrÃa olvidar. Asimismo, hemos aprendido una lección, si es que podemos decirlo a particulari: que las bestias que están a las órdenes del conde no son, sin embargo, dóciles al espÃritu del conde, puesto que esas ratas acudirÃan a su llamado, del mismo modo que llamó a los lobos desde la torre de su castillo, para que saliera a su encuentro y al de aquella pobre madre. Aunque las ratas acudieron, huyeron un momento después en desorden, ante la presencia de los perritos de nuestro amigo Arthur. Tenemos ante nosotros otros asuntos, otros peligros y otros temores; y ese monstruo no ha usado sus poderes sobre el mundo animal por última o única vez esta noche. Sea que se haya ido a algún otro lugar… ¡Bueno! Nos ha dado la oportunidad de dar "jaque" en esta partida de ajedrez que estamos jugando en nombre del bien de las almas humanas. Ahora, volvamos a casa. El amanecer esta ya cerca, y tenemos razones para sentirnos contentos del trabajo de nuestra primera noche. Es posible que nos queden todavÃa muchos dÃas y noches llenas de peligros, pero debemos seguir adelante, sin retroceder ante ningún riesgo.