Drácula
Drácula La casa estaba sumida en un profundo silencio cuando llegamos a ella, excepto por los gritos de alguna pobre criatura que estaba en una de las alas más alejadas y un sonido bajo y lastimero que salÃa de la habitación de Renfield. Indudablemente, el pobre hombre se estaba torturando, a la manera de los orates, con pensamientos innecesariamente dolorosos.