Drácula
Drácula —Su paciente me interesa mucho. ¿Es posible que lo visite con usted esta mañana? O, en el caso de que esté usted muy ocupado, puedo ir solo a verlo, si usted me lo permite. Es una experiencia nueva para mà encontrar a un lunático que habla de filosofÃa y discurre de manera tan cuerda.
TenÃa ciertos trabajos urgentes que hacer y le dije que me gustarÃa que él fuera solo, ya que asà no me verÃa obligado a hacerlo esperar. Por consiguiente, llamé a uno de los ayudantes y le di las debidas instrucciones. Antes de que mi maestro abandonara la habitación, le aconsejé que no se llevara una impresión falsa sobre mi paciente.
—Deseo que me hable de sà mismo y de su decepción en cuanto a su consumo de animales vivos. Le dijo a la señora Mina, como vi en su diario de ayer, que tuvo antes esas creencias. ¿Por qué sonrÃe usted, amigo John?
—Excúseme —le dije —, pero la respuesta se encuentra aquÃ.
Coloqué la mano sobre las hojas mecanografiadas.
—Cuando nuestro cuerdo e inteligente lunático hizo esa declaración, tenÃa la boca todavÃa llena de las moscas y arañas que acababa de comer, un instante antes de que la señora Harker entrara en su habitación.