Drácula
Drácula —¡Bueno! —dijo—. Su memoria es buena. Debà haberlo recordado. Y, no obstante, esa misma desviación del pensamiento y de la memoria es lo que hace que el estudio de las enfermedades mentales sea tan apasionante. Es posible que obtenga más conocimientos de la locura de ese pobre alienado que lo que podrÃa obtener de los hombres más sabios. ¿Quién sabe?
Continué mi trabajo y, antes de que pasara mucho tiempo, habÃa concluido con lo más urgente. ParecÃa que no habÃa pasado realmente mucho tiempo, pero van Helsing habÃa vuelto ya al estudio.
—¿Lo interrumpo? —preguntó cortésmente, permaneciendo en el umbral de la puerta.
—En absoluto —respond×. Pase. Ya he terminado mi trabajo y estoy libre. Puedo acompañarlo, si lo desea.
—Es inútil. ¡Acabo de verlo!
—¿Y?
—Temo que no me aprecia mucho. Nuestra entrevista ha sido corta. Cuando entré en su habitación estaba sentado en una silla, en el centro, con los codos apoyados sobre las rodillas y en su rostro habÃa una expresión hosca y malhumorada. Le he hablado con toda la amabilidad posible, y con todo el respeto que he logrado aparentar. No me respondió palabra alguna.
"—¿No me reconoce usted? —inquirÃ.
"Su respuesta no fue muy tranquilizadora.