Drácula
Drácula Por la tarde, el señor Renfield preguntó si podrÃa verme. ¡Pobre hombre! Estuvo muy amable, y al marcharse me besó la mano y rogó a Dios que me bendijera. En cierto modo, eso me afectó mucho, y las lágrimas acuden a mis ojos cuando pienso en él. Esta es una nueva debilidad de la que tengo que preocuparme y cuidarme. Jonathan se entristecerÃa mucho si supiera que he estado llorando. Tanto él como los demás estuvieron fuera hasta la hora de la cena, y regresaron muy cansados. Hice todo lo posible por alegrarlos, y creo que el esfuerzo me sentó bien, puesto que me olvidé de lo cansada que estaba yo misma. Después de la cena me mandaron a acostarme y todos salieron a fumar juntos, según dijeron, pero sabÃa perfectamente que lo que deseaban era contarse unos a otros lo que les habÃa sucedido a cada uno de ellos durante el dÃa; comprendà por la actitud de Jonathan que tenÃa algo muy importante que comunicarles.