Drácula
Drácula Cuando le prometà pagarle por sus informes y le di un adelanto, me dijo que habÃa hecho dos viajes entre Carfax y una casa de Piccadilly y que habÃa llevado de la primera dirección a la última nueve grandes cajas, "muy pesadas", con una carreta y un caballo que habÃa alquilado para el trabajo. Le pregunté si podrÃa indicarme el número de la casa de Piccadilly, a lo cual replicó:
—Bueno, señor, me he olvidado del número, pero estaba a unas cuantas puertas de una gran iglesia blanca, o algo semejante, que no hace mucho que ha sido construida. Era una vieja casona cubierta de polvo, aunque no tan llena de polvo como la casa de la que saqué las cajas.
—¿Cómo logró usted entrar, si estaban desocupadas las dos casas?
—Me estaba esperando el viejo que me contrató en la casa de Purfleet. Me ayudó a levantar las cajas y a colocarlas en la carreta. Me insultó, pero era el tipo más fuerte que he visto. Era un anciano, con unos bigotes blancos, tan finos que casi no se le notaban.
¡Esa frase hizo que me sobresaltara!
—Tomó uno de los extremos de la caja como si se tratara de un juego de té, mientras yo tomaba el otro, sudando y jadeando como un oso. Me costó un gran trabajo levantar la parte que me correspondÃa, pero lo conseguà y… no soy tampoco un debilucho.