Drácula
Drácula El caballero que me recibió tenÃa unos modales particularmente suaves, pero no era muy comunicativo. Después de decirme que la casa de Piccadilly, que en nuestra conversación llamó "mansión", habÃa sido vendida, consideró que mi interés debÃa concluir allÃ. Cuando le pregunté quién la habÃa comprado, abrió los ojos demasiado y guardó silencio un momento antes de responder:
—Está vendida, señor.
—Excúseme —dije, con la misma cortesÃa—, pero tengo razones especiales para desear saber quién adquirió ese edificio.
Volvió a hacer una pausa bastante prolongada y alzó las cejas todavÃa más.
—Está vendida, señor —volvió a decir, lacónicamente.
—Supongo que no le importará darme esa información —insistÃ.
—Pero, ¡por supuesto que me importa! —respondió—. Los asuntos de nuestros clientes son absolutamente confidenciales en manos de Mitchell, Sons & Candy.
Estaba claro que se trataba de un pedante de la peor especie y que no merecÃa la pena discutir con él. Pensé que serÃa mejor enfrentarme a él en su propio terreno y le dije: