Drácula
Drácula 1 de octubre. Estoy absolutamente asombrado por lo de Renfield. Sus saltos de humor son tan repentinos, que tengo dificultades para poder registrarlos y adaptarme a ellos, y como siempre tienen un significado que va más allá de su propio bienestar, forman un estudio más que interesante. Esta mañana, cuando fui a verlo, después de que hubo rechazado a van Helsing, sus modales eran los de un hombre que estaba dirigiendo al destino. En efecto, estaba dándole órdenes al destino, subjetivamente. No se preocupaba en absoluto por ninguna de las cosas terrenales; estaba en las nubes y miraba desde su atalaya a todas las flaquezas y deseos de nosotros, los pobres mortales.
Decidà aprovecharme de la ocasión y aprender algo, de modo que le pregunté:
—¿Qué me dice usted de las moscas en estos últimos tiempos?
Me sonrió con aire muy superior… , con una sonrisa como la que hubiera podido aparecer en el rostro de Malvolio, antes de responderme:
—La mosca, mi querido señor, tiene una caracterÃstica sorprendente: sus alas son tÃpicas del carácter aéreo de las facultades psÃquicas. ¡Los antiguos tuvieron razón cuando representaron el alma en forma de mariposa!
Pensé agotar su analogÃa, y dije rápidamente: