Drácula
Drácula Era evidente que mi aplazamiento habÃa sido correcto. Los pensamientos inconscientes llevaban a cabo su trabajo, incluso en el caso de los lunáticos. Decidà acabar con aquel asunto.
—¿Qué me dice de ellas usted mismo? —inquirÃ.
Renfield no respondió por el momento y miró en torno suyo, arriba y abajo, como si esperara obtener alguna inspiración para responder.
—¡No quiero almas! —dijo en tono débil y como de excusa.
El asunto parecÃa ocupar su mente y decidà aprovecharme de ello… a ser "cruel sólo para ser bueno". De modo que le dije:
—A usted le gusta la vida, ¿quiere la vida?
—¡Oh, sÃ! Pero, eso ya está bien. ¡No necesita usted preocuparse por eso!
—Pero —inquir×, ¿cómo vamos a obtener la vida sin obtener el alma al mismo tiempo?
Eso pareció sorprenderlo, de modo que desarrollé la idea:
—Pasará usted un tiempo muy divertido cuando salga de aquÃ, con las almas de todas las moscas, arañas, pájaros y gatos, zumbando, retorciéndose y maullando en torno suyo. Les ha quitado usted las vidas y debe saber qué hacer con sus almas.